El diálogo interno y la categorización del mundo

EL DIÁLOGO INTERNO

Si observamos nuestra mente,
comprobaremos que continuamente estamos hablando con nosotros mismos, comentando
y evaluando internamente todo lo que ocurre a nuestro alrededor, y pensando en
el pasado o en el futuro. Este proceso, que denominamos diálogo interno, ocurre
más intensamente cuando la mente no tiene una tarea concreta que hacer, es
decir, cuando nos aburrimos o la actividad que realizamos nos parece rutinaria.

La función del diálogo
interno es interpretar todo lo que nos ocurre, dar continuidad y sentido a
nuestras experiencias, otorgándonos una sensación de estabilidad en el tiempo y
de identidad. Este diálogo es el que construye nuestra biografía porque, si nos
damos cuenta, cuando contamos la historia de nuestra vida, no relatamos los
hechos desnudos y objetivos, lo que nos ha ocurrido, sino que describimos lo
que hemos interpretado de lo que nos ha ocurrido. De hecho, en las
psicoterapias cognitivas lo que se intenta es cambiar la interpretación de los
hechos que nos han sucedido porque, obviamente, los hechos no se pueden
cambiar, hacia una visión de ellos menos negativa. A la vez que elaboramos
nuestra biografía desarrollamos la imagen que tenemos de nosotros mismos,
nuestras “características psicológicas”. De esta forma, el diálogo interno, al
construir nuestra biografía y la descripción de nosotros mismos, da origen al
constructo que se ha denominado el “yo biográfico”. Con este yo, bajo sus
filtros y deformaciones, es como nos relacionamos con el mundo y lo
interpretamos.

El diálogo interno también
otorga cierta sensación de control en un mundo incontrolable. Si nos damos
cuenta los seres humanos no controlamos nada: no hemos elegido cuándo o dónde
nacer, nuestras características físicas o psicológicas, lo que nos va a ocurrir.
Por eso, tenemos la idea de que si comprendemos por qué nos ocurren las cosas,
podremos prevenirlas o modificarlas en el futuro y controlaremos, de alguna
forma, nuestras vidas. Por ejemplo si hemos experimentado una situación adversa
como una ruptura de pareja, interpretar lo que nos ha ocurrido y buscar las
causas del fracaso, nos produce la falsa sensación de seguridad, de que podremos
evitar que vuelva a suceder. Sin embargo, la experiencia nos dice que eso no
nos asegura que no vuelva a ocurrirnos. De hecho, la aceptación, la cualidad de
la mente que más directamente se desarrolla con mindfulness, es lo contrario
del control. Consistiría en aceptar completamente lo que nos ofrece el
presente.

Por eso, el diálogo interno es la clave en muchasas psicoterapias. En las de segunda generación o cognitivas, se intenta modificar los pensamientos y emociones negativos en positivos para que produzca menos sufrimiento. En las psicoterapias de tercera generación como mindfulness, lo que se intenta es ir diluyendo el diálogo interno, hacerle menos caso y desarrollar metacognición para que pierda fuerza, hasta que vaya desapareciendo progresivamente.

LA CATEGORIZACIÓN ESENCIAL
DEL MUNDO: LO QUE ME GUSTA, LO QUE NO ME GUSTA Y LO QUE ME ES INDIFERENTE

Debido al diálogo interno, todo
lo que los seres humanos hemos experimentado alguna vez, está catalogado en una
de estas tres categorías: me gusta, no me gusta o me es indiferente. Solo no está
etiquetado lo nuevo, las pocas cosas que experimentamos por primera vez y que
aún no conocemos. Esta es la distinción básica que realiza nuestra mente, que está
basada en el apego y el rechazo, y que constituye el motor de nuestras
acciones. En el caso de las personas, este etiquetado se traduce en amigos,
enemigos e indiferentes.

Debido a esta forma de ver
el mundo, transcurrimos toda nuestra vida persiguiendo lo que nos gusta y
evitando lo que no nos gusta, todo ello de forma compulsiva. Esto se convierte
en nuestro principal motivo de conducta que ocupa todas nuestras energías y
nuestro tiempo. Por otra parte, todo lo que no nos gusta tendemos a evitarlo a
cualquier precio. A menudo, los enormes esfuerzos que realizamos por evitar
algo que no nos gusta nos producen más problemas que lo evitado. Eso es lo que algunas
psicoterapias, como la Terapia de Aceptación y Compromiso llaman trastorno de
evitación experiencial. De una forma simplificada, lo que describe es que los
esfuerzos y estrategias que utilizamos para no experimentar malestar, son una
fuente aun mayor de sufrimiento. Por ejemplo, si he tenido alguna relación de
pareja anterior en la que me haya ido muy mal, es posible que mi estrategia
para no sufrir sea evitar cualquier nueva relación sentimental, lo que va a
producir también un gran sufrimiento al privarme de la felicidad asociada a una
pareja.

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.