January 15, 2026

Soledad, figura de apego y el tiempo que necesitan las cosas

En español, la palabra soledad suele sonar negativa, pero se distinguen dos formas muy diferentes de vivirla, utilizando terminología inglesa:

  • Soledad negativa (loneliness).
  • Soledad positiva (solitude).

Comprender esta diferencia es clave para relacionarnos de otro modo con nuestra experiencia.

Soledad negativa y soledad positiva

Soledad negativa: desconexión y amargura

La soledad negativa es una sensación de aislamiento, de falta, de «no tener a nadie con quien contar». A veces es clara: no hay redes de apoyo. Otras, es mucho más amarga: sentirse solo incluso estando acompañado cuando se percibe que los demás no nos quieren o no nos entienden. Esta forma de soledad favorece la depresión y el malestar psicológico. Durante la pandemia, se volvió especialmente visible en personas mayores.

Soledad positiva: espacio interior fértil

La soledad positiva, en cambio, es un estado deseable, descrito como «un estado constructivo de compromiso con uno mismo». No depende tanto de estar físicamente solo como de la actitud interior:

  • Es la soledad que favorece la creación y la meditación.
  • Se asocia al crecimiento personal.
  • Va ligada al bienestar psicológico y al afecto hacia los demás.

Esta forma de soledad positiva suele desarrollarse a medida que maduramos emocionalmente. No es algo que se fuerce, sino una consecuencia de habernos ido conociendo y aceptando.

La importancia de una red de apoyo… y de aceptar que hay momentos en los que estamos solos

Aunque la soledad positiva sea importante, también lo es construir relaciones significativas, personas en las que sintamos que podemos confiar y que estarán ahí cuando las necesitemos. Esta «red social» actúa como un gran protector frente al malestar psicológico.

Sin embargo, por muy buena que sea nuestra red, hay momentos clave que solo vivimos nosotros:

  • El nacimiento y la muerte.
  • Las grandes decisiones vitales.
  • Algunos giros existenciales profundos.

Podemos pedir consejo, podemos compartir, pero al final somos quienes decidimos y quienes asumimos las consecuencias. Para esos momentos, se propone un recurso interior muy específico: la figura de apego interna.

De los padres a la figura de apego interna

Cuando somos niños, ante una situación adversa, la reacción más habitual es mirar a los padres y observar su respuesta. Son nuestro modelo de seguridad. De adultos, podemos seguir necesitando algo parecido, pero ya no como figura externa, sino como presencia interior.

Aquí aparece la figura de apego interna, que se entiende como una «figura de referencia» para momentos difíciles:

  • No es simplemente una amiga con quien hablamos.
  • Es una presencia interna, que sentimos dentro de nosotros.
  • Se la vive como una fuente de sabiduría, cariño y aceptación.

Puede tomar distintas formas:

  • Un personaje de una tradición religiosa (Jesús, la Virgen, Buda).
  • Un familiar fallecido (un padre, una abuela).
  • Una figura admirada con la que quizá no hay trato (el papa, el dalái lama).

Si no hay ninguna figura clara, se invita a crearla conscientemente.

Cómo crear una figura de apego interior: una práctica guiada

Desarrollar esta figura requiere tiempo y cierta imaginación. Se propone un ejercicio estructurado:

  1. Elegir la figura
    En postura de meditación, se trae a la mente la imagen de una persona real o imaginaria que represente «la máxima expresión de sabiduría, afecto y compasión». Debe ser alguien que:
    • Transmita seguridad y compromiso.
    • Desee genuinamente que seamos felices.
    • Quiera evitar que suframos, en la medida de lo posible.
  2. Definir su actitud hacia nosotrosSe trata de sentir que ante esta figura podemos contar cualquier aspecto de nuestra vida, por negativo que sea, incluso aquello de lo que más nos avergonzamos. Y que esta figura:
    • Comprende sin juzgar.
    • Apoya incondicionalmente.
    • Reúne todo lo que asociamos al bienestar, la comprensión y la sabiduría.
  3. Concretar sus característicasA continuación, se van poniendo detalles:
    • ¿Qué aspecto físico tiene?
    • ¿Qué edad y qué expresión?
    • ¿Cómo va vestida y en qué entorno aparece?
    • ¿Qué tono de voz tiene?
    • ¿Cómo nos gustaría que se relacionase con nosotros y cómo querríamos responderle?
    No importa si es una figura conocida o totalmente imaginada. Lo que cuenta es que nos resulte creíble y cercana.
  4. Relacionarse con la figura
  5. Una vez definida, la figura puede «aparecer» frente a nosotros, como si surgiera de una neblina o de un lugar significativo. Pasamos unos instantes relacionándonos con ella. Si tenemos un problema o una decisión importante, podemos exponérsela y permitir que aparezca, de forma intuitiva, una respuesta o una orientación.
  6. Usarla en la vida cotidiana
  7. La práctica termina volviendo a la respiración y cerrando la meditación, pero la figura de apego queda disponible como recurso interno. En situaciones difíciles, podemos preguntarnos: «¿Cómo reaccionaría esta figura ante lo que me está pasando?».

Esta figura está muy vinculada a la «mejor versión de uno mismo», a nuestro yo ideal. En muchas tradiciones espirituales y psicoterapéuticas aparece algún tipo de maestro o guía interno con esta función: mitigar la sensación profunda de soledad y conectarnos con algo más amplio que nosotros mismos.

Soledad y sentido en un mundo impermanente

Incluso con una buena red de apoyo y con figura de apego, seguiremos viviendo la impermanencia: personas que se van, etapas que terminan, cambios que no podemos controlar. El trabajo interior consiste en:

  • Transformar parte de la soledad negativa en soledad positiva.
  • Apoyarnos en relaciones significativas y, a la vez, aceptar que hay decisiones que solo podemos tomar nosotros.
  • Utilizar la figura de apego como referencia en momentos de miedo, culpa o confusión.

Así, la soledad deja de ser solo un vacío que asusta y se convierte en un espacio en el que podemos escucharnos, comprender mejor nuestro sufrimiento y conectar con el sentido de nuestra vida.

El maestro de artes marciales: no se puede forzar el tiempo

Para cerrar, se presenta una historia breve de la tradición japonesa. Un discípulo pregunta a un reputado maestro de artes marciales cuánto tiempo necesitará para ser tan buen maestro como él. El diálogo es conocido:

  • El maestro responde: «Unos veinte años».
  • El discípulo protesta: quiere llegar antes. Promete dedicarse día y noche al entrenamiento, sin descanso, sin otra cosa en su vida.
  • El maestro, entonces, amplía el plazo: «Quizá veinticinco años».
  • El alumno insiste, suplicante, y el maestro concluye: «Si haces eso, te llevará no menos de treinta años».

La enseñanza es directa:

«No se puede forzar la naturaleza de las cosas, todo requiere un tiempo. Cuanto más desesperadamente busques algo… más huirá de ti. No puedes conseguir que una planta madure antes de que sea su hora».

En una época marcada por la inmediatez y la impaciencia, este relato recuerda que los procesos humanos profundos —como aprender a aceptar la vejez, elaborar duelos, transformar la soledad o desarrollar una figura de apego— necesitan tiempo. No pueden acelerarse por la pura voluntad.

Un camino de trabajo interior sostenido

En conjunto, se plantea un camino que combina tres ejes:

  • **Comprender la **impermanencia y los cambios inevitables de la vida.
  • Aceptar la soledad como parte de la condición humana, diferenciando su versión destructiva de su potencial creativo.
  • Cultivar recursos internos, como la figura de apego, que permitan atravesar las dificultades con más estabilidad.

Nada de esto elimina el dolor, pero sí puede reducir el sufrimiento añadido que surge de la resistencia, la negación y la prisa por cambiarlo todo de golpe. La propuesta es avanzar paso a paso, con una cierta «tristeza serena» y con la confianza de que, si se sostiene el trabajo interior, es posible vivir de forma más lúcida y compasiva dentro del cambio constante.

Te invito a comprar mi libro “Adiós al Sufrimiento Inútil” dónde encontrarás el contenido de este artículo ampliado y con ejemplos prácticos para tu día a día, pinchando en el siguiente enlace:

Comprar "Adiós al sufrimiento inútil"

Harper Collins IbéricaISBN978-84-19809-59-9

SIGUE LEYENDO

Posts muy interesantes

Crisis de los 40, 50 y 60: pérdidas, duelos y madurez psicológica

Crisis de los 40, 50 y 60: pérdidas, duelos y madurez psicológica
La vida puede entenderse como una pérdida continua: con los años se desvanecen personas, salud, trabajos y lugares, y también aparecen carencias por todo aquello que deseamos y nunca llegamos a tener.
LEER MÁS

Nada dura eternamente: vivir la impermanencia y el envejecimiento

Nada dura eternamente: vivir la impermanencia y el envejecimiento
Reflexión sobre la impermanencia, el envejecimiento y la pérdida: cómo aceptar los cambios del cuerpo y de la vida sin caer en el pesimismo, cultivando presencia, gratitud y una serenidad que permite seguir siendo feliz en todas las etapas.
LEER MÁS

Proyectos de carencia: cuando lo que más nos ocupa es lo que más vacío esconde

Proyectos de carencia: cuando lo que más nos ocupa es lo que más vacío esconde
Este artículo se adentra en el concepto de "proyectos de carencia", en sus efectos sobre la vida cotidiana y en cómo reconocerlos. Al final, conectaremos con una historia sobre Buda que ilumina otra dimensión clave: la impermanencia y la posibilidad de perdonar.
LEER MÁS

¿Necesitas saber más?

Suscríbete a nuestra newsletter para recibir todas las novedades sobre mindfulness, cursos, podcasts y otras técnicas para mejorar tu salud.

Gracias por suscribirte! Pronto empezarás a recibir nuestras noticias
Uups! Algo ha ido mal cuando intentabas suscribirte.