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ACEPTAR EL PASADO

Tenemos dos vidas: La segunda empieza cuando somos conscientes de que sólo tenemos una

Confucio

Muchas personas viven atormentadas, culpabilizadas, sin per- donarse por cosas que hicieron en el pasado. En los casos más extremos se sienten indignos y consideran que no pueden ser felices por ello. Sin llegar a ese nivel, para muchos de nosotros puede ser desagradable recordar esas situaciones y, seguramente, no se las contaríamos a nadie porque sentiríamos que le decepcionaríamos. Nos avergonzamos de lo que hicimos. Esto es lo que mucha gente llama “muertos en el armario”, cosas inconfesables que hicimos en el pasado. Resulta llamativo, cuando se hacen terapias de grupo y las personas comentan sus “muertos en el armario” que cada uno tiene los suyos en dependencia de su biografía y de los valores familiares: lo que para uno es inconfesable, otra persona lo hace frecuentemente y viceversa. Eso nos ayuda a ver lo subjetivo de todos nuestros pensamientos.

Las bases que ayudan a la aceptación del pasado son las siguientes:
1. El pasado no se puede cambiar: Machacarnos por lo que hicimos no cambia lo que ocurrió, solo aumenta nuestro su- frimiento y el de los que nos rodean, porque nuestro malestar se transmite. La culpa es un sentimiento inútil muy arraigado en nuestra tradición judeocristiana. Para que nuestros hábitos sean éticos, lo más eficaz no es la culpa sino la compasión: el auténtico deseo de que los demás sean felices. Sobre esa base no podremos dañar a otros. La culpa es un mecanismo de control social, frecuentemente utilizado por las instituciones.

2. En ese momento hicimos lo que pudimos hacer: Esta es una máxima que repetimos continuamente en aceptación y que vale para nosotros y para los demás, como veremos en el siguiente capítulo. En base a nuestra biografía y a las circunstancias, cada persona responde a una situación como puede en ese momento. Juzgar lo de hace tiempo desde la perspectiva y los años que tenemos ahora es absurdo, porque no somos los que éramos, han cambiado mucho las circunstancias. Seguro que en ese momento actuamos lo mejor que supimos.

3. Siempre se puede reparar el daño en esas personas o en el mundo: Todas las religiones incluyen el perdón, por confesión como en el cristianismo o por otro tipo de fórmulas. El ser humano es imperfecto, no se le puede pedir la perfección porque es una expectativa inalcanzable y generadora de culpa.

Por otra parte, el daño que hemos cometido y que ya no podemos cambiar, siempre podemos intentar “repararlo”. A veces, directamente. Pidiendo perdón a esa persona o compensándola de alguna forma razonable. En muchos casos en que no tenemos esa posibilidad, porque la persona no quiere perdonarnos, porque ha fallecido o no podemos acceder a ella, siempre podemos “ayudar al mundo”, compensar el daño ayudando a personas que sufren de una u otra forma. Aunque quien recibió el daño no es el mismo que recibió la ayuda, tener clara la interdependencia de todos los seres vivos permite reparar de una forma amplia el daño causado. Esta forma de gestionar los errores del pasado es mucho más sana y útil para la humanidad y para nosotros.

(Fuente: Garcia Campayo J. Como reducir el sufrimiento con aceptación y mindfulness». Siglantana, 2019)(Foto: Bocca della Verità, Roma)

#mindfulness #compasión #meditación

2 Comments
  • Ángeles Laguna
    Posted at 19:25h, 31 mayo Responder

    Gracias por estas sabias palabras.

    • Javier García Campayo
      Posted at 04:48h, 14 junio Responder

      Muchas gracias

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