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RECONOCER EL TECHO DE MINDFULNESS Y SALTAR A LA MEDITACIÓN NO DUAL

Cuando camines, solo camina.                                                                                 Deja al caminar que camine.
Deja al hablar que hable.
Deja al comer que coma, al sentarse que se
siente, al trabajo que trabaje.

Maestro zen Muho Noelke

Mindfulness en Occidente
Desde la aparición de mindfulness en Occidente a finales de los años 70, se ha ido estudiando su eficacia a nivel científico en múltiples ámbitos, se ha utilizado con éxito en las áreas de la salud, la educación, el trabajo o el deporte. La utilización de mindfulness para obtener beneficios del tipo que sea es lo que se ha llamado «mindfulness instrumental», y ya había sido descrito anteriormente, en el caso de la meditación, como «materialismo espiritual». Este fenómeno ha sido duramente criticado por la corriente denominada «McMindfulness», que defiende que esa descontextualización del budismo original del que procede, ha convertido a mindfulness en un producto más de la sociedad de consumo, por lo que se está aplicando incluso en entornos no éticos.

En efecto, en muchas tradiciones meditativas orientales, como el Zen, mindfulness no se utiliza para tratar enfermedades, aumentar el bienestar psicológico, mejorar el rendimiento profesional o deportivo, o para cualquier otro de los beneficios que la ciencia ha demostrado con esta técnica. En ellas, su función es la más elevada de todas: alcanzar la liberación espiritual y escapar del sufrimiento. Todo lo demás son beneficios secundarios, irrelevantes y temporales.

Quizá la mayor utilidad de mindfulness consiste en aprender a ver pensamientos y emociones no como la realidad, sino como simples fenómenos de la mente, del todo subjetivos e impermanentes. Pero el riesgo es que sustituyamos un viejo hábito, que nos hace sufrir y que consiste en identificarse con los objetos mentales, por un nuevo hábito, como es desarrollar «el observador». Esto tiene grandes ventajas, porque la atención a las sensaciones corporales nos mantiene en el presente y más cercanos a la experiencia de la realidad; mientras que, antes, la mente divagaba en el pasado y el futuro, desconectada del entorno.

Pero la idea de que mindfulness tiene que ser cultivado mediante esfuerzo puede convertirlo en algo obsesivo, laborioso y mecánico. Como decía el sexto patriarca zen Hui-neng: «Si empiezas a concentrar la mente en la quietud, no producirás más que una quietud innatural». Por eso, con frecuencia, surge el deseo de acercarse al presente de una manera más espontánea y natural, más satisfactoria. Cuando mindfulness se enseña adecuadamente, no se hace con una finalidad instrumental, sino para estar en el presente y disfrutar del hecho de estar vivo. Cuando se quiere conseguir algo con mindfulness, pasa a ser un instrumento de autoayuda, y uno se encuentra completamente focalizado en ese beneficio futuro que nos producirá mindfulness.

El «techo» de mindfulness
Muchas personas que llevan años meditando, sobre todo en las tradiciones contemplativas, han sido testigos de que mindfulness tiene un techo muy definido, que podríamos estructurar en estas cuatro limitaciones:
1. Tendencia a la separación entre observador y observado: quizá el mayor problema de mindfulness es que, en vez de romper las barreras que nos permitirían fusionarnos con el mundo, refuerza la identidad del observador, la separación, la dualidad. De esta manera, se refuerza el yo.

2. Refuerzo de la identidad del meditador: ese yo que cada vez se siente más separado, se enorgullece de esa cualidad de la atención que ha desarrollado hasta el extremo, considerándose superior a los demás, que no han conseguido este nivel. Esta enfermedad de los meditadores u orgullo espiritual puede ser reforzada por las categorías y jerarquías que establecen algunas tradiciones contemplativas, designando a algunas personas como «maestros».

3. Mindfulness instrumental como anestesia emocional o como proyecto de carencia: consistiría en utilizar mindfulness no para alcanzar la liberación última del sufrimiento, sino como una forma de afrontar las dificultades de la vida, anulando las emociones y parapetándose en la atención, como método para no sentir y no conectarse afectivamente con el mundo. Esto convertiría la práctica de la meditación en un proyecto más del yo, como hacerse rico o famoso.

4. Piloto automático mindful: el ciclo se cierra convirtiendo mindfulness en un hábito obsesivo, rutinario, que anula cualquier capacidad de asombro o compromiso con el mundo. Para ser mantenido, requiere no salir nunca del controlado entorno monástico, porque, en cualquier otro ambiente, la rigidez de mindfulness en piloto automático no puede controlar las emociones y estas se desbordan.

(Fuente: Garcia Campayo J. Vacuidad y No-Dualidad. Kairós, 2000)(Foto: Ibiza desde el aire) #mindfulness #compasión #aceptación #vacuidad #nodualidad

3 Comments
  • M Reyes Díaz
    Posted at 17:48h, 04 octubre Responder

    Javier has dado en el clavo.. Instrumentalizar el Mindfulness es desnaturalizarlo.
    Hay algo que me gusta del Silencio. El es mi Maestro.
    Perseguir un fin, podría impedirme conectar con mi espiritualidad pienso

    • Javier García Campayo
      Posted at 18:58h, 04 octubre Responder

      Completamente de acuerdo. La espiritualidad es la clave

  • MANUEL ANTONIO SÁIZ FERNANDEZ
    Posted at 13:24h, 06 octubre Responder

    Muchas Gracias Javier, tus sabias palabras: “Estar en el PRESENTE significa DISFRUTAR del hecho de ESTAR VIVO” dejan bien clara a mi modo de ver, la esencia de la no-dualidad. Yo entiendo que TODO ES VIDA y VIDA es lo que SOMOS y esa VIDA lo abraza TODO Y A TODOS, por tanto no hay separación sino unidad.
    Estar Vivo, ahora, para mí es el Gran Regalo de la Vida y ante semejante Regalo que menos que DISFRUTARLO.
    Gracias Javier por aportar tanta luz y disfrute, un abrazo muy grande

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