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La compasión en las tres grandes religiones monoteístas

La compasión en el Cristianismo

En el Antiguo Testamento, en el Éxodo, la compasión aparece como una característica de Yahvé cuando describe que es la bondad de Dios la que libera a los judíos de la esclavitud impuesta por los egipcios. El Deuteronomio también enfatiza la protección que deben recibir viudas, huérfanos y residentes extranjeros, porque carecen del apoyo familiar. Los grandes profetas judíos, como Isaías o Jeremías, relatan la compasión de Yahvé hacia las personas que se arrepienten. Por tanto, la compasión protege a los desfavorecidos y funciona como una justicia restauradora de la unión de la comunidad.

En el Nuevo Testamento, dentro de la Segunda Epístola a los Corintios (2 Corintios 1: 3-7), Dios es descrito como «el Padre de la Compasión» afirmando que el consuelo que Él nos produce nos permitirá consolar a otros. Jesús personifica la auténtica esencia de la compasión y pide a los cristianos actuar compasivamente hacia los demás, sobre todo hacia aquellos que se encuentran con necesidad o malestar. En el Sermón de la Montaña, Jesucristo afirma (San Mateo 5: 7): «Benditos aquellos que son misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia». Por último, en la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10: 25-37), Jesús describe a sus seguidores el ideal de la conducta compasiva: La auténtica compasión cristiana debe extenderse a todos, incluso a los enemigos, sin hacer ninguna distinción.

Sin embargo, en el cristianismo este concepto se describe de forma más explícita como amor. Se habla de que existen dos grandes mandamientos (San Mateo 22: 37-39): «Y él le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y primer mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

El amor es descrito ampliamente por San Pablo en la Primera Epístola a los Corintios, párrafo que suele ser utilizado en la ceremonia de la boda, con estas palabras (1 Corintios 13: 4-7): «El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta».

En los últimos años, el papa Francisco ha querido retomar el tema de la compasión de una forma actualizada. En su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, que presenta el formato de una encíclica tradicional, el Papa repasa múltiples temas desde la economía hasta la política, pasando por la ecología, la antropología, la ciencia o las otras religiones. Insiste en pasar a una «dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, porque así volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y el cariño». Francisco critica el modelo económico capitalista porque «excluye a otros y ha desarrollado una globalización de la indiferencia».

La compasión en el Judaísmo

La compasión se considera un rasgo tan fundamental que es asumido como sine qua non para el judaísmo. Al judaísmo se le ha señalado como la religión de la Justicia, y a su divinidad como el Dios de la Justicia. Pero al mismo tiempo, para el judaísmo no puede existir la justicia verdadera si no va acompañada de la compasión. Se debe saber distinguir entre el error y la alevosía, entre la coacción y la libertad de acción. A la hora de juzgar, los atenuantes se toman en consideración en la ley judaica.

El Jésed, que podría traducirse como compasión, se corona como pilar de la ética judía. Esta palabra hebrea reúne, en un solo término lingüístico, más de una definición. En una única expresión se fusionan amor, bondad y compasión. Es, para el judaísmo, el proceder ético hacia el sufrimiento ajeno: una bondad compartida por quien da la compasión y por quien la recibe. La compasión es uno de los trece atributos Divinos, y el Talmud dice que éste es uno de los modos que nosotros tenemos para emular e identificarnos con Dios. «Al igual que Dios es compasivo, así tú debes ser compasivo» (Sifrí, Ekev 49).

La compasión en el Islam

El propio profeta Mahoma fue descrito en el Corán como una «misericordia para todas las criaturas». El libro de los libros para los musulmanes dice así: «Y no te enviamos, ¡Oh, Muhammad! sino como misericordia para los mundos» (Corán 21: 107). El profeta Mahoma afirmaba que el corazón del Corán se describe en el «Basmala», la fórmula que abre virtualmente todos y cada uno de los 104 capítulos de este Libro Sagrado: «En el nombre de Alá, rebosante de compasión y piedad». Cuando un beduino le preguntó al Profeta cómo podría el Basmala ayudarle, el Profeta replicó con su famosa frase: «Ten compasión contigo mismo y con los demás». Estas palabras del profeta Mahoma constituyen el centro de la espiritualidad islámica. Desde el punto de vista práctico y como ejemplo de compasión, el Islam desaconseja el cobro de intereses por el préstamo de dinero, algo que ninguna otra religión considera

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