EL SENTIDO DE LA VIDA

La tragedia del hombre moderno
no es que sabe cada vez menos sobre el sentido de su propia vida,
sino que se preocupa cada vez menos por ello.

Václav Havel. Escritor, dramaturgo y político checo

En los últimos años, la psicología está enfatizando la importancia del sentido de la vida, como un elemento imprescindible para poder ser feliz. Por otra parte, conectar con este sentido, es lo que permite estar comprometido con nuestras acciones a largo plazo. La práctica de mindfulness no es una técnica psicológica sin más, sino que constituye un auténtico estilo de vida, por lo que si no encaja dentro de nuestros valores, no tendremos la motivación para mantenerla en el tiempo.

La psicología define “sentido de la vida” como “el grado en que un individuo da sentido a su vida y cree que tiene un propósito general”. Generalmente, este sentido se asocia a cualidades positivas como mayor bienestar psicológico, menor frecuencia de trastornos psiquiátricos, así como mayor resiliencia y fortaleza de carácter.

Todos los seres humanos nos hemos preguntado alguna vez cuál es el sentido de nuestras vidas. Algunos se han contestado y han intentado ser coherentes con esa respuesta, actuando en consecuencia. Pero muchos otros, ante la complejidad de la cuestión y la intensidad con que nos atrapa el día a día y sus interminables problemas, han acallado esa voz y nunca han reflexionado suficientemente sobre este tema.

Tener claro el sentido de nuestra vida nos dará una energía excepcional cuando, como necesariamente tendrá que ocurrir, las cosas nos vayan mal. En la adversidad sabremos a qué aferrarnos, tendremos un faro, un norte, que nos permitirá no desesperanzarnos en esos momentos y poder esperar a que las circunstancias adversas amainen

LOS VALORES

Los valores son los objetivos vitales que una persona tiene en la vida, lo que es importante para ella, aquello por lo que le gustaría que se recordase su paso por el mundo. Van muy ligados al sentido de la vida: en dependencia del sentido general que queremos dar a nuestra vida, los valores son su expresión más concreta en una serie de temas relevantes para cualquier ser humano como, por ejemplo, la familia, el trabajo o la espiritualidad. Existen diferentes listas de valores posibles. Esta es una de las más utilizadas. Abarca los principales aspectos de la vida ya que, cualquier tema que se nos ocurra, puede ser incluido en alguno de estos apartados.

Principales valores de los seres humanos

•   Pareja
•   Familia e hijos
•   Amigos
•   Trabajo
•   Educación/Formación
•   Ocio/diversión
•   Comunidad, ciudadanía y política
•   Espiritualidad
•   Cuidado físico
•   Ecología y naturaleza

Lo importante no es tener unos valores u otros, todos son valiosos, y la relevancia que cada individuo le otorga a cualquiera de ellos es un tema personal. El objetivo clave es que el individuo pueda identificar sus valores y tener claro la importancia que cada uno tiene en su vida. Una forma de aclararnos sobre cómo definir los valores es identificando la “dirección valiosa”, es decir, describir cuál es nuestra aspiración en cada valor concreto. Este es un ejercicio que realizaremos al final de esta sección. Siempre debemos tener en cuenta que los valores son objetivos inalcanzables por definición, son como una estrella que orienta nuestro camino, pero que nunca podremos alcanzar.

LA CONGRUENCIA CON LOS VALORES

Lo importante no es qué valores tiene cada individuo, sino el ser congruente con ellos. Como la vida es tiempo, una medida fiable de congruencia es el tiempo que dedicamos a un valor. Si para nosotros cierto valor es muy importante, lo lógico es que dediquemos bastantes momentos a él. Lo habitual es que los seres humanos no seamos congruentes e invirtamos mucho tiempo en temas poco trascendentales para nosotros, mientras que descuidemos los verdaderamente importantes. Un ejemplo de incongruencia es el varón que dice que lo más importante son su familia y sus hijos, pero apenas está con ellos, porque emplea todo su tiempo en trabajar. Nos autoengañamos pensando que las cosas cambiarán en el futuro, pero los años pasan sin que seamos coherentes y cuando queremos darnos cuenta, nos encontramos al final de la vida y ya es tarde para ser coherentes.

La incongruencia en los valores constituye una importante causa de sufrimiento al final de nuestra vida o cuando enfermamos y hacemos balance de nuestra existencia. Por desgracia, es frecuente encontrar personas que, cuando llegan al final de sus días, son conscientes de que han dedicado casi todo su tiempo a temas que no eran lo más importante para ellos, que no constituían sus principales valores. Por ejemplo, vemos ancianos que son conscientes de que han estado siempre inmersos en un trabajo que no les gustaba, por ejemplo de bancario, cuando lo que realmente les gustaba era enseñar a niños desfavorecidos. Pero, cuando se dan cuenta de su auténtica vocación, no tienen tiempo o energía para seguirla.

Las dos razones para ser congruentes con nuestros valores son:
1.- Tener al final de la vida la sensación de que hemos sido coherentes y hemos hecho lo que era importante para nosotros, con lo que podemos sentirnos satisfechos por ello.
2.- Para que nuestras acciones sean comprometidas, se sustenten en nuestros valores y, por tanto, sean duraderas en el tiempo. Todo aquello que realizamos de forma aislada, sin la perspectiva global de nuestro sentido de la vida, es difícil que se mantenga. Por ejemplo, si la práctica de mindfulness está sustentada por nuestros valores, como la espiritualidad, el compromiso de ayudar a los demás o que nuestra familia sea más feliz, se mantendrá mucho más fácilmente que si no está sustentada por ningún valor.

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